La Geografía de un Jardín

viernes, octubre 7

Prólogo por Raúl Zurita

Gloria Irarrázaval: la revelación inminente

No siempre es posible atisbar con mayor cercanía el sentido iluminador, amplificador, de las palabras de un poema. Gloria Irarrázaval entrega un libro de una rara y conmovida belleza, con una economía y una certeza admirables, cumpliendo esa máxima de todo verdadero arte poético que consiste decirlo todo con lo mínimo. Estos poemas emergen porque para ellos ya no era posible el silencio, de alli su pureza, su pristinidad, su llamado.

Cada palabra aqui abre paso a un misterio, pero a un misterio que pende de las cosas más cotidianas, de un vislumbre, de un paisaje, de un encuentro, revelándonos un mundo suspendido detrás de todo, de cualquier escena, de cualquier fragmento. La Geografía de un Jardín es una obra que ya desde su título nos adelanta un diálogo entre lo más íntimo y lo vasto, entre lo real y lo sagrado, entre lo diario y el asombro de estar en lo diario.

Contruidos en base a escenas circunscritas, sencillas, concretas: un viaje en un metro, una escultura, el canto de un ave, un descanso en la escalera, estos poemas parecieran, sin embargo, flotar en un universo infimitamente más vasto, poniéndonos siempre frente al umbral de una revelación inminente. El lector siempre la encuentra.

Frutos de experiencias, la poesía de Gloria Irarrázaval jamás pretende imponer nada, pero al mismo tiempo nos damos cuenta de que todo aquí, desde el suceso aparentemente más mínimo, es, y ojalá sea así también para nosotros, un milagro. Cada uno de sus poemas dice exactamente lo que dice, con una limpidez y precisión admirables, para que, como sucede en la vida, sea el que lee en su mudez, en su mirada, quien se abra al asombro del mundo o, como ella misma lo dice en su poema sobre Henry Moore, "Figura de Hombre", a este atisbo de la resurección.

Raúl Zurita